Libertad, es ponerse en el umbral entre lo conocido y lo desconocido. Allí, escoger entre hacer y no hacer, y ser responsable por lo elegido. (Julieta Kirkwood)

Y OJO

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que habla en primera persona

Frida


Los libros son Volantines

Los libros son Volantines
A veces un cable a tierra, a veces una escalera al cielo...

19 noviembre 2009

Suicidio I


Resulta que a veces, pero sólo a veces, en la mente de algún sujeto bípedo de aquellos denominados SERES HUMANOS, ocurre una serie de bifurcaciones cognitivas y reacciones químico-biológicas a nivel neuro-psico-psiquiátrico que lo hace visualizar una extraña sensación-aunque dentro de su ser sabe que es ridículo, aunque no por eso totalmente estúpido-de querer convencerse de que el mundo podría carecer de su presencia sin que las aves dejaran de emigrar, los animales de comerse entre ellos o la gente de comprar o de odiarse mutuamente y, por consiguiente, de que su permanencia en este mundo es algo inútil, es decir, inservi(vi)ble.


Impelido a buscar la miseria humana en las cuatro esquinas de la tierra, se da cuenta prontamente de que ésta anida en todos los corazones, los que van juntando rabia y depositan sus esperanzas en Marx y su lucha de clases, en empresarios vestidos de ovejas, en descriteriados políticos, en cursos de inglés o programas de trasnoche, sin alcanzar a entender que estos intentos no tienen ni la más mínima incidencia en el espíritu humano.


El sujeto, que comienza a enterarse de que la desesperanza siempre puede ser aún más honda, decide un día borrar los números telefónicos de todos aquellos amigos y conocidos que, en su afán de alcanzar la divinidad, el nirvana, el cielo (léase según el credo del lector) podrían intentar por algún medio que el aspirante a suicida concrete sus planes. Nunca se enterará de que ellos no tenían ni la más mínima intención de tener noticias suyas ni menos de interferir en tan privados planes.


A esta acción le suma otras menos relevantes, como empezar a beber y a fumar, escuchar las canciones más oscuras de Radiohead, dejar la televisión encendida y dejar de limpiar la casa y de ir al supermercado, mientras se regocija con el vacío que se va apoderando lentamente del refigerador, hasta que la cáscara del limón que compró para aliñar la ensalada que preparó para una mujer supo escapar a tiempo, presente una gruesa capa de moho verde y resbaladizo.


Así, lentamente el sujeto consigue ir alimentando el desgano y se aburre de existir. Comienza a darle espacio mental a la idea de que este mundo está perdido y vamos con la cantinela de que paren el mundo que me quiero bajar. Finalmente, logra perder la fe en el ser humano y concluye que lo único que falta es que los pueblos comiencen a votar por sus exterminadores, aunque esto último ocurre sólo en caso de que el sujeto no haya sido un seudo revolucionario, el que más que por estética que por ética, debiese tenerlo clarísimo.


Una vez que alcanza el estado de vacío interior, lo último que le queda por hacer es buscar el método más adecuado o que más se acerque a su ideal de muerte. Primero se entrega a la corriente de la conciencia y piensa en triturarse el cerebro con una calibre 38 o hacer de piñata en el living de su casa, pero desecha ambas por la rápidez que podría proporcionarle la corriente eléctrica...lo seduce aun más un baño de tina en el que accidentalpremeditadamente caiga un artefacto eléctrico. "Será más digno", comenta.


Entra al baño y mientras la tina choca con el agua, recuerda el secador y siente remordimiento por obligarlo a cometer un crimen... pero luego se contenta pensando- eso sí, lo último que piensa-que ese objeto, que juzgó inservible en aquella navidad del 86, tendría de quién descanzar.


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